Durante mucho tiempo pensé que la pregunta correcta era otra.

No me preguntaba si volvería a enamorarme.

Me preguntaba si volvería a sentirme segura.

Si volvería a dormir sin sobresaltos.

Si algún día dejaría de revisar mentalmente cada decisión por miedo a equivocarme.

Si volvería a confiar en mi propia voz.

Porque después de la violencia, el amor deja de ser una prioridad. La supervivencia ocupa todo el espacio.

Primero hay que reconstruir la vida.

Encontrar un lugar donde vivir.

Recuperar la estabilidad económica.

Aprender a respirar sin miedo.

Volver a reconocerse frente al espejo.

Curar heridas que nadie ve.

Y entonces, cuando una empieza a sentirse un poco más fuerte, aparece una pregunta que muchas veces nos da vergüenza formular:

¿Es posible volver a encontrar el amor después de la violencia?

La respuesta corta es sí.

Pero quizás no de la forma en que imaginábamos.

Porque después de la violencia ya no buscamos mariposas.

Buscamos paz.

Ya no confundimos intensidad con amor.

Ya no creemos que los celos sean una prueba de interés.

Ya no pensamos que sacrificarnos hasta desaparecer sea una virtud.

Después de la violencia aprendemos que el amor no debería doler.

Y ese aprendizaje cambia todo.

También aparecen los miedos.

¿Qué pasa si me equivoco otra vez?

¿Qué pasa si no veo las señales?

¿Qué pasa si vuelvo a confiar y vuelven a lastimarme?

Son preguntas legítimas.

Porque quien ha vivido violencia no solo pierde una relación.

Pierde la sensación de seguridad.

Pierde confianza en su criterio.

Pierde la certeza de que puede identificar el peligro antes de que sea demasiado tarde.

Por eso volver a amar no es únicamente abrirle la puerta a otra persona.

Es abrirle la puerta a la posibilidad de confiar nuevamente en una misma.

Y eso suele ser mucho más difícil.

A veces creemos que sanar significa dejar de tener miedo.

Pero no funciona así.

La sanación ocurre cuando el miedo deja de tomar todas las decisiones.

Cuando podemos escuchar nuestras alarmas sin vivir permanentemente en estado de alerta.

Cuando entendemos que haber sido víctimas no nos condena a serlo para siempre.

Y entonces sucede algo inesperado.

Descubrimos que el primer amor que encontramos después de la violencia no siempre es una pareja.

A veces somos nosotras mismas.

La mujer que reaparece después de años de silencio.

La que vuelve a reír.

La que recupera proyectos.

La que aprende a poner límites.

La que ya no se abandona para que otros se queden.

La que entiende que merece ternura, respeto y tranquilidad.

Y desde ahí, desde ese lugar más completo, puede aparecer alguien más.

No para salvarnos.

No para rescatarnos.

No para llenar vacíos.

Sino para compartir el camino.

Porque el amor sano no llega a completar una vida rota.

Llega a acompañar una vida que ya comenzó a reconstruirse.

¿Es posible volver a encontrar el amor después de la violencia?

Sí.

Pero quizá el verdadero milagro no sea encontrar a otra persona.

Quizá el verdadero milagro sea descubrir que, después de todo lo vivido, el corazón sigue siendo capaz de abrirse.

Que la violencia no logró convertirnos en piedra.

Que todavía podemos emocionarnos.

Confiar.

Reír.

Soñar.

Y creer nuevamente en la posibilidad del amor.

No porque olvidamos lo que ocurrió.

Sino porque aprendimos que nuestro pasado no tiene por qué decidir nuestro futuro.

Y eso, en sí mismo, ya es una forma de amor.


2 respuestas a “¿Es posible volver a encontrar el amor después de la violencia?”

  1. Avatar de Diana Castillo
    Diana Castillo

    Me encanta que compartas esto
    Justo estoy
    Haciendo un libro donde
    Toco el tema desde otro lugar pero me enriquece mucho leerte

    1. Avatar de Gina Cerón

      Gracias por tomarte el tiempo de compartirlo. Me alegra saber que este texto puede aportar algo. Mucho éxito en este camino de la escritura y espero leerte pronto. 🤍

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